Juicio por el ataque a Cristina Kirchner: en un careo caliente, testigos cruzaron versiones sobre el bloqueo del celular de Sabag Montiel

“Nunca le hice entrega del sobre”, dijo Priscila Santillán, miembro de la Policía Federal. “Sí, me dio en mano el sobre”, contrapuso Pablo Kaplan, perito de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). “No te lo entregué a vos, hermano. Yo al sobre lo dejé apoyado en el escritorio”, insistió la oficial.

La escena, por momentos confusa, pero cargada siempre de tensión, tuvo lugar este miércoles y corresponde al “careo” que dispuso el Tribunal Oral Federal número 2 para que dos testigos zanjaran las contradicciones e inconsistencias que surgieron en sus respectivas declaraciones en el marco del último debate en el juicio oral por el ataque a Cristina Kirchner en 2022.

Adentro de aquel sobre de papel, en la noche del 1 de septiembre, viajó el celular de Fernando Sabag Montiel, el tirador que intentó, sin éxito, atentar contra la vida de la expresidenta. El peso jurídico de la disputa pasa porque, desde aquella noche, el aparato permanece “brickeado”, con un error de inicio, y casi nadie guarda expectativas de que pueda abrirse.

A pedido de las distintas partes, el tribunal dispuso una mesa en el centro de la sala AMIA, donde transcurre el juicio oral, para que, bajo juramento de decir la verdad, los testigos pudieran salvar las diferencias en sus relatos. No ocurrió: hubo cruces, interrupciones, ironías envenenadas y hasta un pedido de la presidenta del tribunal, la jueza Sabrina Namer, para que el perito Kaplan, que acompañó su relato con gestos ampulosos, redujera la “agresividad” durante su exposición.

La audiencia contó con una inusual presencia policial porque la oficial Santillán presta servicio como custodia de la jueza María Eugenia Capuchetti, instructora de la causa junto con el fiscal Carlos Rívolo. Por este mismo motivo, luego de que fracasara el primer peritaje, realizado por el cabo Heredia en el juzgado de Capuchetti, Santillán trasladó el celular hasta una base militar, donde se ubican las oficinas de la PSA, que cuenta con la versión premium del programa forense UFED, creado en Israel.

Santillán afirmó una y otra vez haberlo entregado en mano y en un sobre cerrado, pero quienes lo recepcionaron insistieron con que el celular llegó encendido, en un sobre doblado, abierto y sin cadena de custodia.

Hubo otras diferencias, como la disposición de los muebles, el tamaño del lugar y la secuencia de las acciones. Santillán sostuvo que, luego de dejar el aparato en un escritorio, se distrajo tomando un café que le ofrecieron, perdió de vista el sobre y luego este apareció abierto. “Son unos mentirosos hijos de puta”, diría Santillán al abandonar la sala AMIA, desbordada de furia.

La versión del perito Kaplan contó con el respaldo de otros dos testigos presentes en el lugar: Camila Serén, perito certificada en el programa UFED, y Damián Neustadt, quien trabajaba por ese entonces en el Ministerio de Seguridad. Eran 3 contra 1. Una “rareza”, dijo una fuente judicial.

Pero no fue eso lo que debilitó la versión de Santillán, sino el hecho de que ella misma, tras entregar el celular, firmó in situ un acta en la que reconocía que el sobre estaba abierto y el celular, prendido.

“Vos pediste autorización para firmar algo que vos no convalidás. ¿Cómo es?”, la increpó Kaplan. “Y el café yo te lo serví por humanidad”, se atajó.

Santillán rubricó el acta luego de hablar por teléfono con un secretario del juzgado y pedir instrucciones para saber cómo debía actuar. Ese llamado no fue puesto en duda por ninguno de los testigos.

Tampoco hubo controversias respecto a otro hecho llamativo: la presunta “precariedad” –al decir de Neustadt– del traslado de una prueba clave en el caso. La oficial Santillán lo llevó sola, en un sobre color madera, luego de que le mandaran la ubicación de la base militar por WhatsApp. Llegó fumando, con el sobre en una mano –un testigo dijo que lo portaba debajo de la axila– y el cigarrillo en la otra.

Fuentes policiales dijeron a este medio que el traslado de una prueba es una actuación judicial que puede y debe ser custodiada por personal policial, pero no ejecutada. Fuentes judiciales, sostuvieron que lo importante es que el celular esté en manos de expertos.

Desde aquella noche, los peritos contaron que las condiciones de entrega mejoraron notoriamente.

Una causa por el bloqueo del celular de Sabag Montiel tramita en paralelo en el juzgado de María Servini. En ese expediente, Kaplan, Seren y el cabo Heredia fueron sobreseídos por la jueza, que concluyó que no podía avanzarse más en la investigación.

El último intento por abrir el celular se realizó hace una semana y también fracasó: se intentó hacer correr sobre el aparato una metodología que había funcionado previamente en un celular igual al de Sabag Montiel, un Samsung A50 G, al que, adrede, se lo inseminó con el mismo error de inicio.

“Ninguno de los intentos resultó exitoso sobre el dispositivo celular Samsung modelo SM-A505 G perteneciente al imputado Fernando Sabag Montiel, a pesar de haber agotado las distintas alternativas que fueron planificadas en las pruebas previas para abarcar este peritaje con el despliegue tecnológico más acertado”, dice el informe firmado por especialistas de todas las partes.

No funcionó porque el dispositivo de Sabag Montiel tenía la huella de muchas intervenciones y estaba, al decir de los peritos, “sensibilizado”.

La que se hizo en el juzgado, en condiciones muy desfavorables, según dijeron los peritos, fue una de ellas. Por caso, minutos antes de que se intentara acceder al teléfono, hubo un corte de luz y se debió traer un estabilizador de tensión.

El propio Sabag Montiel dijo en su declaración que el aparato tenía ya muchas batallas y que para lograr encenderlo, por ejemplo, debía seguir un procedimiento en particular, apretando varios botones a la vez.

El teléfono, por estas horas, está reiniciado de fábrica, tal como quedó cuando la PSA intentó hacer el peritaje. Sus datos, coinciden los peritos, son prácticamente irrecuperables.

Las únicas expectativas están puestas en que se desarrolle una nueva tecnología que permita extraer la información del teléfono, si es que todavía la conserva, o sí Israel revela, en plena guerra con Hamas, que cuenta herramientas forenses desconocidas y las facilite. “Está como Walt Disney, a la espera de que la tecnología lo descongele”, se bromeaba en una conversación sobre el tema.

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