“Este es el más Menem de los Menem”, solía decir el expresidente Carlos Saúl Menem al presentar a su sobrino segundo Eduardo “Lule” Menem, el hombre que diez días atrás apareció mencionado en los audios registrados en forma clandestina, donde supuestamente Diego Spagnuolo lo vincula a pedidos de supuestos sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).
El caso es objeto de una investigación judicial y los dichos de Spagnuolo fuern desmentidos categóricamente por el Gobierno. Sin embargo, Lule Menem, un cultor del bajo perfil, fue empujado por el huracán a los primeros planos de la polémica.
Nació hace casi 61 años en el seno del clan que tuvo a Carlos Menem como caudillo. Lule es hijo de Mohamed y Fátima, dos primos del expresidente, que entre ellos no eran parientes, y que se casaron en Yabrud, Siria, el pueblo desde donde emigró la familia para instalarse en La Rioja.
De joven, a los 20 años, Lule dejó su provincia natal para instalarse en Buenos Aires y desde entonces creció políticamente al calor del retorno de la democracia con otro de sus tíos: Eduardo Menem, en el Senado. Eran los ochenta.
Ingresó como empleado del Congreso en 1984 y cuatro décadas más tarde recaló en el Casa Rosada. Fue dos meses después de la llegada al poder de Javier Milei y como resultado de otra aventura política: en febrero de 2021, apenas unos meses más tarde de la muerte de su tío Carlos y en un asado en la casa de su primo Martín Menem, Lule conoció a los hermanos Javier y Karina Milei.
Desde entonces trabó buena relación con ambos, pero al comenzar a colaborar en el armado del espacio a nivel nacional, su vínculo fue más estrecho con Karina Milei. Con esa confianza, un activo fundamental en las filas libertarias, más de dos años después de aquel primer encuentro desembarcó en el primer piso de Casa Rosada, en un despacho con ventanas a la Plaza de Mayo. No dejó de ir a su oficina en la sede del Gobierno cada día de la última semana, la más caliente desde su llegada al poder.
En lo formal, Lule Menem es subsecretario de Gestión Institucional y está bajo la órbita de la Secretaría General de la Presidencia. En la práctica, su cargo va mucho más allá. Es el responsable del armado electoral de La Libertad Avanza (LLA) en todo el país.
A su despacho figuran tres ingresos de Spagnuolo, en febrero y marzo del año pasado. Lule comentó a sus allegados que recuerda haber hablado de la auditoría de las pensiones por discapacidad que Spagnuolo puso en marcha para detectar irregularidades. Pero no más que eso.
Por fuera de esas oportunidades aseguran que casi no tuvo trato con el exfuncionario de los audios y que lo sorprendieron las grabaciones que se conocieron. Lule Menem también niega haber sugerido designaciones para el área y toma distancia del nombramiento de Daniel Garbellini, segundo de Spagnuolo en Andis y también desplazado en medio del escándalo.
Lo mismo con Marcelo Petroni, titular de Osprera, la intervenida obra social de Uatre también bajo la lupa y cuya designación apuntan a una recomendación de la anterior interventora, Virginia Montero.
Quienes vieron a Lule Menem tras el inicio del escándalo aseguran que se lo ve tranquilo y con sus modos afables intactos. Uno de los rumores lanzados tras los audios asegura que hay una imagen donde se lo ve manejando una Ferrari de los hermanos Kovalivker, de la droguería Suizo Argentina, involucrada en el caso. “No manejó ni la Ferrari de Menem”, responden sus allegados, en referencia a la Testarossa que supo conducir el expresidente.
Incluso dicen que ni siquiera figuran ingresos suyos a Nordelta para ver a los empresarios Kovalivker, como también trascendió. Un ingreso para el cumpleaños de Guillermo Francos, que vive en Nordelta, y otros a visitar a un familiar, son los únicos que reconoce y que espera que ratifique la investigación judicial.
En el ascenso dentro de las filas libertarias, Lule Menem también cosechó resquemores. Su crecimiento en el armado territorial y las diferencias de criterio con el asesor presidencial Santiago Caputo derivaron en una fuerte interna que creció públicamente y movió los cimientos. Todavía sigue álgida.
En ese sentido, desde el sector de Karina Milei atribuyen la filtración de los audios de Spagnuolo al kirchnerismo, pero consideran que en el ala de Santiago Caputo “olieron sangre y aprovecharon”, según dijeron importantes voces libertarias.
A ellos también los ubican detrás de otras polémicas que salpicaron a Menem. Entre ellas, las acusaciones mediáticas de supuestos pedidos de diezmos en sedes de PAMI y Anses. “Todas esas denuncias fueron muy locales; no tienen nada que ver con él”, dijeron funcionarios que respetan a Menem.
La explicación de Menem es que, cuando le preguntaban, siempre recomendaba consultar a los referentes locales para que propusieran nombres y que de ahí terminaban saliendo los nombrados. Jura que no los conoce y que esas cajas “jamás” estuvieron bajo su ala.
“Jamás imaginé tener que salir a desmentir una burda operación política del kirchnerismo, a la que se sumaron algunos medios, dirigentes y periodistas, utilizándola para intentar manchar la honestidad y la imagen de un gobierno”, dijo Menem en su descargo por el escándalo de los audios en la primera hora del último lunes.
El texto fue compartido luego en las cuentas oficiales de Javier Milei, del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y de la secretaria de la Presidencia, en una clara señal de cerrar filas detrás suyo.
“Jamás tuve intervención de ningún tipo en las contrataciones de Andis, ni de manera formal ni de manera informal”, sostuvo Menem en su comunicado. Y aclaró: “Tampoco tuve conocimiento alguno de que algo ilícito ocurriera en Andis ni en ningún otro organismo del Estado”, agregó desmarcándose de las acusaciones de Spagnuolo.
Mientras que en algunos sectores evalúan a Menem como un eventual “fusible” que podría salir eyectado si la situación judicial se complica, cerca de Karina Milei y su equipo de confianza lo descartan de plano. Juran que nadie pensó en eso.
Primero, confían en que nada de lo que se desprenda de la causa complicará a Menem, pero además agregan: “Karina banca a su gente; peleó por personas que capaz estaban en decimoquinta línea en el organigrama, y nadie pidió su cabeza”.
El primer mes de la gestión mileísta, Lule no tuvo cargo formal. Acompañó en el Congreso a su primo Martín Menem, con quien tiene una relación tan estrecha que parece de hermanos. Eran tiempos de acomodarse y comenzar el debate por la Ley Bases, el proyecto legislativo fundacional de los libertarios. A diferencia de Martín, Lule conocía bien el Congreso. Su carrera política comenzó con el retorno de la democracia a través de su tío Eduardo, por quien tiene “admiración y adoración”, según dicen.
El hermano del expresidente había asumido como senador en diciembre de 1983. Los cupos de su despacho se tuvieron que complementar con los del cuerpo de la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), que había quedado de la etapa dictatorial y debían ser reasignados. Por eso, en ese momento no hubo cupo para Lule, pero con la muerte de uno de los integrantes de la CAL, unos meses después, se destrabó su ingreso. Entonces se mudó de Buenos Aires a La Rioja.
Estuvo junto a Eduardo Menem entre 1984 y 1999, período en el que también participó de la Convención Constituyente. Entre el 2000 y el 2002 volvió a La Rioja, su provincia natal, para trabajar en tiempos de la gobernación de Ángel Maza. Desde allí saltó a acompañar a su tío Carlos en la campaña para las elecciones de 2003. No era la primera vez que lo hacía.
Antes del retorno de la democracia había empezado a militar con los jóvenes peronistas y trabajó en la campaña de su tío Carlos a la gobernación riojana.
También integró el equipo que acompañó al expresidente en el Senado hasta que falleció, en febrero de 2021. Ese mismo año, apenas unos meses después, fue cuando Lule conoció a los Milei. Era poco antes de las elecciones de medio término y cuando su primo se preparaba para lanzarse a la política. Su vida empezaba a cambiar.