Juliana y José Longhi, vecinos del barrio Las Tunas, afrontaron durante décadas el desafío de criar a dos hijos con cataratas congénitas y discapacidades, en un relato que combina superación, cuidados y la búsqueda de respuestas.
Juliana, de 49 años, recuerda con nitidez un momento de hace casi tres décadas: amamantando a su primer hijo, Leonel, y esperando en vano esa primera mirada recíproca que nunca llegó. Este fue el primer indicio de una condición que marcaría la vida familiar. Hoy, tras 34 años viviendo en Las Tunas, Tigre, reconstruye una historia de adaptación, diagnósticos médicos y cuidados constantes.
Originaria de San Nicolás, Juliana llegó al barrio a los 16 años, enfrentando un cambio drástico en su calidad de vida. Años después, formó una familia con José Longhi. Su primer hijo, Leonel (28 años), fue diagnosticado a los tres meses con catarata congénita. Un año y medio después, nació Julián (26 años) con el mismo diagnóstico, sumado a un retraso madurativo severo que hoy lo mantiene en silla de ruedas y con cuidados permanentes dentro del hogar.
El tercer hijo, Mauro (26 años), nació sin complicaciones visuales. La logística de atender las necesidades de salud de los niños, con frecuentes viajes al Hospital Gutiérrez en la Ciudad de Buenos Aires, definió el ritmo de la familia durante años. La red de apoyo fue limitada, y decisiones difíciles, como la interrupción de la escolarización de Julián, fueron inevitables ante la falta de recursos y tiempo.
El relato de Juliana no busca el sensacionalismo, sino exponer la realidad de una familia que enfrentó circunstancias complejas con los recursos a su alcance, destacando los desafíos del cuidado y la inclusión en contextos de vulnerabilidad.
